La retórica oficial y la realidad del crimen organizado en México
Recientemente, expresidentes como Vicente Fox y Felipe Calderón salieron de su retiro para mostrar apoyo a figuras políticas, mientras que Andrés Manuel López Obrador también se sumó a esta tendencia con la leyenda “Yo con Rocha Moya”. Sin embargo, detrás de estas proclamaciones, la problemática de fondo sigue siendo la infiltración del crimen organizado en la política y la economía del país.
El uso de la soberanía como escudo
De acuerdo con el análisis, la retórica oficial ha encontrado en la palabra “soberanía” un cómodo escudo para evadir las condiciones que el crimen organizado ha impuesto al país. La infiltración de organizaciones criminales, que va más allá del narcotráfico, es más que evidente; también es obvia su colusión con el poder político. La respuesta del eje López Obrador-Sheinbaum se ha reducido a la simplificación y a la defensiva.
El impacto económico de la violencia
Según el Instituto para la Economía y la Paz, la violencia le cuesta a México aproximadamente 4 billones de pesos anuales, lo que equivale a un 11% del Producto Interno Bruto (PIB). Esto implica un “impuesto” invisible de unos 30,000 pesos por cada mexicano. En estados con colapso institucional, como Guerrero, Morelos o Sinaloa, el costo puede llegar a representar hasta un 20% del PIB estatal.
La economía criminal y su competencia con el Estado
Se estima que la economía criminal en México equivale a un 3.5% del PIB, una masa monetaria que supera a varios sectores productivos. Los cárteles no son simples bandas, sino verdaderas corporaciones que, gracias a la protección política, compiten con el Estado. La colusión y la protección política facilitan su expansión y consolidación.
El impacto en Estados Unidos y la crisis humanitaria
La crisis generada por el tráfico de fentanilo y opioides desde México ha tenido consecuencias devastadoras en Estados Unidos. El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca calcula que esta crisis le cuesta a EE.UU. unos 2.7 billones de dólares anuales, por pérdida de productividad, costos sanitarios y muertes prematuras de unas 75,000 personas cada año. La problemática trasciende las fronteras y requiere una respuesta coordinada.
¿Qué hacer frente a la realidad?
De acuerdo con los expertos, la estrategia de minimizar el problema o politizarlo solo fortalece a los grupos criminales. La solución pasa por abandonar la “soberanía del avestruz” y colaborar con Estados Unidos en inteligencia, combate financiero y persecución judicial conjunta. La prioridad debe ser salvar vidas y proteger la economía, no mantener narrativas políticas que solo perpetúan la crisis.
¿Hasta cuándo México seguirá permitiendo que la violencia y el crimen sean un lastre insostenible para su desarrollo? La respuesta requiere decisiones valientes y una visión realista del problema.





