La infraestructura natural como pilar de la economía peruana
En medio de un contexto político y económico, el Perú enfrenta una reflexión sobre los verdaderos activos que sostienen su crecimiento. Mientras el debate público se centra en la minería, la seguridad y la estabilidad fiscal, una realidad poco considerada es que la infraestructura natural del país es fundamental para su estabilidad económica y social.
Desde hace décadas, se ha asumido que los principales activos del país son recursos como el cobre, el oro, el gas o la pesca. Sin embargo, un análisis reciente señala que los ecosistemas y recursos naturales que regulan los ciclos hidrológicos y protegen los territorios cumplen una función equivalente a la de infraestructura física, aunque no figuren en los presupuestos nacionales ni en los balances fiscales.
El papel de los ecosistemas en la estabilidad económica
Los bosques amazónicos, los glaciares, los humedales y los manglares son algunos de los activos naturales que regulan el agua, protegen las costas y mantienen la productividad agrícola y minera. Estos ecosistemas, que cumplen funciones de infraestructura natural, son responsables de reducir riesgos de desastres, garantizar la seguridad hídrica y sostener sectores estratégicos como la generación hidroeléctrica y la agroindustria.
Por ejemplo, los bosques amazónicos regulan los ciclos hidrológicos que abastecen de agua a ciudades, industrias y agricultura. Los glaciares alimentan cuencas de las que dependen millones de peruanos. Los humedales almacenan agua en temporadas de sequía y reducen inundaciones. Los manglares protegen las costas frente a tormentas y sostienen pesquerías vitales para la economía.
Estas funciones, aunque esenciales, no se consideran infraestructura en el presupuesto nacional. Cuando un puente colapsa, el Estado moviliza recursos para su reconstrucción. Cuando una carretera se deteriora, se destinan fondos para su mantenimiento. Sin embargo, cuando un ecosistema pierde su capacidad de regular el agua o proteger los suelos, se trata como un problema ambiental, no como una infraestructura que requiere inversión y protección.
Consecuencias de la degradación ecológica y desafíos futuros
La pérdida de estos activos naturales incrementa el riesgo de desastres, reduce la productividad agrícola, aumenta los costos operativos para sectores estratégicos y compromete la seguridad hídrica. La degradación ecológica también genera presiones adicionales sobre las finanzas públicas, al elevar los costos de recuperación y mantenimiento de infraestructura física.
Una evaluación de expertos indica que la dependencia de la economía peruana de estos ecosistemas es significativa. La pregunta clave que surge es: ¿cuánto depende la estabilidad económica del país de mantener en funcionamiento esa infraestructura natural? La respuesta, según análisis especializados, señala que la conservación y recuperación de estos recursos es vital para sostener el crecimiento a largo plazo.
El próximo gobierno deberá replantear la política ambiental, integrando estos activos en la estrategia macroeconómica. La gestión de recursos como el agua, los ecosistemas altoandinos, los humedales y los manglares debe considerarse como una inversión en infraestructura nacional. Solo así se podrá garantizar la resiliencia del país frente a los efectos del cambio climático y las crisis ambientales.
El siglo XXI exige una visión que reconozca que la verdadera riqueza de un país no solo radica en sus minerales, sino en la capacidad de mantener sus ecosistemas en condiciones que permitan producir, atraer inversión y reducir riesgos. La pregunta que queda en el aire es si las políticas públicas actuales están en capacidad de proteger estos activos estratégicos o si será necesario un cambio profundo en la gestión ambiental y económica.
En conclusión, reconocer que la infraestructura natural del Perú es un activo estratégico puede marcar la diferencia en la formulación de políticas públicas y en la protección del crecimiento sostenible. La infraestructura más valiosa del país, afirma el análisis, nunca fue construida por el hombre, sino que forma parte del patrimonio natural que sustenta toda la economía.





