La decisión del Gobierno panameño de trasladar a 29 privados de libertad de alta peligrosidad a instalaciones en Isla Coiba ha generado un intenso debate en el país. Mientras las autoridades aseguran que la medida busca fortalecer la seguridad, la Defensoría del Pueblo advierte sobre posibles impactos legales y ambientales que podrían afectar el patrimonio natural y los compromisos internacionales de Panamá.
El contexto del traslado y la defensa oficial
Según la fuente, el presidente José Raúl Mulino defendió la medida como una acción necesaria para combatir el crimen organizado. Aseguró que los reclusos permanecerán aislados y sin posibilidad de coordinar actividades ilícitas desde la isla, que ya cuenta con infraestructura bajo control del Servicio Nacional Aeronaval (Senan). Además, afirmó que la decisión responde a vulnerabilidades detectadas en el sistema penitenciario y a información de inteligencia que indicaba que algunos detenidos continuaban operando desde otros centros de reclusión.
Aspectos legales y ambientales en juego
La Defensoría del Pueblo, en cambio, recordó que la Ley 44 del 26 de julio de 2004, que creó el Parque Nacional Coiba, estableció expresamente el cierre del antiguo centro penitenciario en la isla. El artículo 28 de esa ley dispone que, una vez finalizado el uso penitenciario, las instalaciones pasarían a ser bienes administrados por la autoridad ambiental, en este caso, el Ministerio de Ambiente. Además, la ley estableció un plazo para el cierre del penal, que debía realizarse antes del 29 de julio de 2005, lo que, según la institución, refleja la intención del Estado de convertir Coiba en un área protegida de relevancia internacional.
Impacto en el patrimonio mundial y obligaciones internacionales
Coiba fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2005, debido a su biodiversidad y ecosistemas únicos. La Defensoría advierte que reabrir un centro penitenciario en la isla podría contravenir los compromisos internacionales asumidos por Panamá y poner en riesgo su condición de Patrimonio Mundial. La organización también resaltó que la legislación prohíbe la construcción de infraestructuras no relacionadas con el ecoturismo o actividades científicas dentro del parque, lo que refuerza la preocupación por la protección del área.
Derechos humanos y obligaciones del Estado
La institución también recordó que, independientemente de la peligrosidad de los reclusos, el Estado debe garantizar condiciones dignas y respetar los derechos fundamentales de las personas privadas de libertad, en línea con las Reglas Mandela y otras normativas internacionales. Hasta ahora, el Gobierno ha insistido en que el traslado responde a razones de seguridad nacional y no implica la reapertura formal del penal ni la construcción de nuevas infraestructuras en la isla.
¿Qué sigue en el debate?
La discusión en torno a la medida continúa, con la Defensoría vigilante y la comunidad internacional atenta a posibles impactos ambientales y legales. La protección del patrimonio natural y el cumplimiento de los compromisos internacionales parecen estar en juego, mientras las autoridades insisten en que la estrategia busca cortar la capacidad operativa de organizaciones criminales.
Este caso pone en evidencia la tensión entre seguridad y conservación en un país que, desde 2005, ha asumido el compromiso de preservar Coiba como un símbolo de su riqueza natural y su responsabilidad internacional.





